Siento que el suelo de cristal quebradizo
debora mis pasos sin remedio,
que el tiempo cruel y vago
está posado frente a mi rostro,
riendose como demonio satisfecho de odio.
Él con su mirada fría, calculadora y acusadora
me estremece... me reprocha...me recuerda...me tortura...
Caido estoy tendido en el piso como borracho y pordiosero,
mientras él cruelmente coloca su pie sobre mi rostro,
extiende sus brazos a lo alto y grita de emoción,
pues este vagabundo y herrante toda esperanza perdió.
Pasa por el lado del tiempo la vida,
gira su cabeza... y es ella horrible, espantosa
no puedo respirar... es mas nisiquiera puedo mirar,
en medio de mi dolor y mi astio le pregunto ¿quién es?
pero desearía no tener una respuesta por primera vez.
se voltea ingrata, lúgubre, pálida, sórdida...
me grita en la cara ¡Soy tuya!
Mi cuerpo se estremece de miedo, de espanto,
quiero gritar pero no puedo
pues duele saber que te imaginabas tu vida de manera diferente.
Los dos se van tomados de la mano como el duo de la crueldad
mientras yo en el suelo, tendido y en medio del dolor busco una solución,
para tanto espanto, crueldad y dolor.
P. Bojacá.
