Viviendo en la espesura de la selva
con tradiciones, creencias y hasta una vida ingenua
padres, madres, hermanos…
Aborígenes llenos de sueños, de grandes proyectos,
algunos más desarrollados que otros
creando ciudades y practicando sacrificios en honor a sus dioses.
Dioses que los hombres de las nieves destruyeron
implantando sus creencias
mutilando sus sueños
cortando sus alas.
Desaparecieron algunos sin motivo aparente
cuando se levantaban como un gran imperio,
se dispersaron y no dejaron ni un solo aliento...
Algunos lucharon hasta la muerte,
aunque su cacique vendió sus vestidos al mejor postor
muerto en manos de sus súbditos, aliento exhaló
cuando una flecha le atravesó el corazón,
Cortés gano y a los aztecas mató.
Pero la lucha continúo
violación, depravación, desolación…
Eso quedo de cada cultura, de cada tribu, de cada cacique.
Pero en el corazón del hombre aborigen
aún se erguían el dios sol, la diosa luna y la madre tierra,
que eran ellos los que le daban fuerzas...
Pato Bojacá...
Pato Bojacá...
No hay comentarios:
Publicar un comentario